Gwyn, Señor de la Ceniza
Gwyn, el poderoso dios de la Luz Solar, Rey de Lordran y dios de dioses, es uno de los principales causantes de que todo lo ocurrido haya acontecido.
Cuando nació la Primera Llama, éste obtuvo un Alma de Señor, junto a otras figuras como la Bruja de Izalith, Nito y el Furtivo Pigmeo. Gwyn adquirió la capacidad de manejar la luz y la energía, y dicho aumento de poder le hizo plantearse la idea de acabar con el dominio de los Dragones Eternos y la era de Oscuridad, pero para ello necesitaba poner solución a algo peor que los mismos dragones: los humanos.
Para controlar el poder de la humanidad que el Furtivo Pigmeo repartió a todos los humanos y pigmeos, Gwyn les otorgó la Marca Oscura con el pretexto de volverlos seres híbridos de luz, pero con la verdadera intención de evitar que los humanos liberen su poder capaz de acabar hasta con los mismísimos dioses. Dicha marca se activaría en el momento que la Primera Llama comenzase a extinguirse y se acercase el ciclo de Oscuridad, haciendo que los humanos se transformasen en ¨Huecos¨, dando origen a la Maldición de los No Muertos.
Así, con los humanos y pigmeos a su favor, fue como Gwyn, su ejército, familia, demás Señores y Seath acabaron con el dominio de los Dragones Eternos. Tras este suceso comenzaría la Edad del Fuego, teniendo a los dioses viviendo en Anor Londo y a Gwyn como soberano del mundo. A los pigmeos y varios humanos se les concedió la Ciudad Anillada, custodiada por Filianor, hija de Gwyn, a modo de ofrenda para garantizar la confianza con los seres de Oscuridad. El propósito de dicha ciudad fue la de tener controlados a los pigmeos, quienes portaban una gran porción del Alma oscura, y de esta manera, con el paso del tiempo, los humanos fueron olvidando su verdadero origen, pensando que son seres provenientes de la luz.
El mundo se encontraría en un estado de paz durante siglos, hasta que la Llama Original comenzara a apagarse. Esto atemorizó a Gwyn y sus iguales pues sin el fuego el mundo se hundiría en la Oscuridad y ellos perderían su poderío, por lo que los dioses hicieron lo posible por evitar este trágico final. En el intento solo hubo desgracias, pues la Bruja de Izalith dio origen a la Llama del Caos, su ejército enfrentó a los demonios pero acabaron cayendo, Nuevo Londo tuvo que ser hundida junto a los Cuatro Reyes y los 3 de los 4 Caballeros de Gwyn murieron en los sucesos de Oolacile. Gwyn vio como única oportunidad su sacrificio, ofrecer su Alma a la Primera Llama para avivarla y así permitir que sus iguales y todo lo que había logrado no desapareciera, extendiendo la Edad del Fuego.
Y eso hizo, se encaminó al Horno de la Primera Llama y se sacrificó en el Fuego prolongando la era de luz, pero sabía que la Llama volvería a apagarse, por lo que esta vez sería uno de todos los no muertos malditos por la señal oscura el que se encargaría de volver a enlazarla al albergar un poder descomunal.
